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Industria de lácteos La Luciana Quito - Ecuador
Negocios
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Keila Obando y Mario León continúan con su viaje emprendedor que arrancó en 2020. Con su marca La Luciana producen quesos, mantequillas, yogurts, salsas, tequeños entre otros productos. En 2026 la meta es llegar a Panamá.

1 Abril de 2025 13.01

Para estos socios y esposos marzo de 2020 marcó un antes y un después en su vida. Mario León es un emprendedor por naturaleza. Ha empezado varias veces, ha caído, pero nunca se dio por vencido. Su infancia la vivió en el campo en contacto con la naturaleza, respirando aire fresco, en un ambiente sereno, lejos del estrés de las grandes ciudades. 

De niño madrugaba para ordeñar vacas y hasta ahora recuerda el sonido de los pulsadores de leche, el mecanismo de válvulas que conecta las unidades de ordeño a las ubres de la vaca. Con sus hermanos y primos vendían, durante las vacaciones, limones en la entrada de la hacienda, en Pomasqui, al norte de Quito.

Ingeniero agropecuario graduado en la Escuela de las Fuerzas Armadas (ESPE), su primera experiencia profesional fue en la granja recreativa vivencial de  sus padres. Pese a sentirse cómodo, en su mente siempre estuvo la idea de experimentar nuevas rutas y tener algo propio.

"Hace 14 años compré tres vacas y me lancé a hacer quesos en la cocina de la casa. Al principio me salían pésimo, se me oxidaban y se descremaban demasiado. Mis amigos de buenas gentes compraban en US$ 5 el kilo. En verdad los quesos eran más malos que buenos". Paralelamente vendía lechones y decidió probar suerte en la charcutería, término acuñado para carnicería especializada.

Este emprendedor tenía entre ceja y ceja aprender a hacer quesos. Tomó un avión y se fue a Suiza, Italia, Argentina y Costa Rica para aprender desde cero. Con la información calientita en 2015 llamó a un amigo y fundaron La Riel. La inversión inicial fue de US$ 15.000. "Nuestra idea era hacer quesos semi maduros. Procesábamos 100 litros de leche, es decir, unos 15 kilos de queso semanales. No hicimos bien las cuentas y fracasamos a los pocos meses".

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León no estaba dispuesto a darse por vencido. Como le encanta la cocina y experimentar con sabores y crear combinaciones abrió en el sector de La Mariscal, en el centro-norte de Quito, un restaurante llamado 'La Lucha Libre', en donde predominaba la comida tipo tex-mex. La inversión inicial fue de US$ 120.000 y lograron a facturar medio millón de dólares. Llegó la pandemia y adiós negocio.

En este punto de la historia entra en escena su esposa Keila Obando, una ingeniera de Sistemas que llegó de Venezuela, huyendo de la crisis económica y social que vive ese país.  Venía por tres meses a visitar a unos primos para seguir su camino a Argentina, pero nunca se fue. "A los diez días conseguí un trabajo de vendedora en una distribuidora de telefonía móvil. El primer mes comisioné US$ 1.200, para mí era un montón de plata". Graduada de Ingeniería de Sistemas luego trabajó en una farmacéutica y en una aseguradora. 

León y Obando se conocieron de casualidad. Él no duda en decir que fue un flechazo a primera vista; al poco tiempo se casaron. Keila, dice León, es el motor del negocio de quesos que nació en febrero de 2020.

El panorama era retador. "Estábamos endeudados, con las tarjetas de crédito a reventar. Optamos por retomar la idea de los quesos. Los semi maduros no eran opción, porque no podíamos esperar, entonces nos fuimos por la línea mozarella de hebra". Obando empezó a postear en Marketplace de Facebook y ocurrió el eureka; su teléfono no paraba de recibir pedidos. En una semana vendieron 70 quesos de medio kilo. La demanda les obligó a reinventarse. "Éramos todólogos, necesitábamos subsistir como sea. También vendíamos porciones de pollo empacadas al vacío, comida china, todo lo que se nos ponía en frente", dicen entre risas. El siguiente paso fue encontrar un nombre: Luciana. "Es el nombre de la hija que queremos tener".

Los dos decidieron embarcarse en el mundo de los lácteos y empezaron a producir mantequilla saborizada. Su jornada arrancaba a las 04:00 y terminaba pasada la medianoche. "Teníamos un auto Spark, que a la vez era Uber. Llegamos hacer 65 entregas en un día, no cabía ni un tornillo. En noviembre de 2020 vendimos 3.000 quesos".

Para ellos no había obstáculo que no puedan superar, porque estaban decididos a sacar a flote el negocio por sus propios medios, con los riesgos que eso implica.

Para 2021 tenían seis sabores, natural, de ají, orégano, pimentón, entre otros. Los pollos y la comida china fueron muriendo de a poco. A mediados de 2021 se quedaron sin proveedores de leche, pero la pasión, la motivación y las ganas de salir incluso en las circunstancias más adversas les permitió salir a flote. "Conseguimos dos personas en Lloa, al suroccidente de Quito, en las faldas del Guagua Pichincha. Nos vendían 60 litros diarios y los bidones (tarros) de 40 litros los manteníamos en la acequia por donde circula agua fría. Meses después, invertimos US$ 7.000 para un tanque y centro de acopio. Volvíamos a ver la luz". En 2022 las ventas superaron los US$ 280.000.

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La capacidad instalada de la planta quedó pequeña; era el momento de una ampliación. Con una inversión de US$ 70.000 compraron maquinaria, marmitas, tanques de refrigeración e hicieron un cuarto frío. Estos emprendedores resaltan que La Luciana, no es solo quesos, sino que es una historia con mucho por contar. Desde la selección de ingredientes hasta ese toque secreto que los hace irresistibles. Sus quesos de hebra se encuentran en la categoría de mozzarellas y se caracterizan por ser 100% a mano sin conservantes ni preservantes.

Esta historia de lucha y perseverancia obtuvo ventas por US$ 500.000 el año pasado. Con una filosofía de vida en mente continúan pisando el acelerador a fondo. Su portafolio de productos incluye ocho sabores de quesos, cinco de mantequillas, tequeños (bocaditos), nachos, tortillas, tres sabores de salsas y siete de yogurt griego que acaban de lanzar al mercado. Se venden en cadenas nacionales de supermercados, delicatessen, restaurantes y hoteles. También cuentan con tres islas propias ubicadas en centros comerciales de la capital. 

El siguiente reto es salir al mundo. "Estamos en conversaciones para exportar a Panamá en 2026 y luego a EE.UU. Los 7.000 mil quesos mensuales que hoy producimos los vamos a multiplicar, todavía tenemos mucho camino que recorrer y no vamos a detenernos". (I)

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