"Soy la primera dama influencer, soy la primera dama más joven del país y también la primera dama más joven del mundo" afirma Lavinia Valbonesi, al inicio de esta conversación. Su llegada a la vida pública, marcada por la inmediatez de la era digital, representa una ruptura de los esquemas convencionales. Aunque inicialmente aspiró a ser diplomática, su camino tomó un giro inesperado hacia la nutrición y el mundo digital, plataformas que le permitieron "conectar con diversas audiencias". Lo mismo sucedió cuando, de manera sorpresiva, emprendió un viaje para acompañar a su esposo, el presidente Daniel Noboa, en su gestión.
Consciente de que en Ecuador la figura de la primera dama carece de un rol o función específicas, Valbonesi percibe esta posición como "una oportunidad única en la vida de acompañarlo en este puesto de servicio". Su visión se distancia de modelos anteriores, buscando "crear su propia historia" e imprimir su sello personal en cada acción.
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Su encuentro con figuras como Melania Trump le dejó una impresión profunda sobre la distancia entre la imagen pública y la realidad. "Cuando uno está en puestos como este, tan expuestos, te das cuenta de que lo que ves en redes sociales no es lo que verdaderamente pasa" comparte Valbonesi, al explicar la complicidad que observó en la primera dama estadounidense y Donald Trump, desmitificando percepciones mediáticas.
El mayor desafío personal que enfrenta, según Valbonesi, radica en "cumplir con sus propias expectativas". Su autoexigencia la impulsa a aprovechar al máximo el tiempo. "Se abren muchas puertas cuando dices que eres la primera dama o la esposa del presidente". Esto la ayudó a conectar con "necesidades palpables" y actuar como un puente para quienes buscan ayuda.
Tocar puertas es una práctica que la acompaña desde sus inicios, cuando intentaba financiar sus estudios. Y ese consejo les deja a las nuevas generaciones: "no tengan miedo de tocar puertas", tal como ella lo hizo para obtener desde patrocinios hasta el sustento diario. Con esa misma actitud, está impulsando el Proyecto Ana, que cumplió su primer año. "Hemos ayudado a más de 5.000 mujeres y a sus familias no solo brindándoles educación, sino dándoles empleo, para tener esa independencia económica y tomar las riendas de su vida".
Este proyecto, financiado principalmente por el sector privado, tiene como prioridad expandirse a escala nacional de manera presencial. También, Valbonesi espera que trascienda a su tiempo dentro de la función pública. "Tengo un sueño, verme así mayor, adulta, yendo a visitar mis centros de acogida, viendo cómo el proyecto sigue creciendo de la mano de mujeres que creen en lo mismo que yo". La primera dama quiere que cuando se hable de ella, se piense en Ana y en las mujeres que, a pesar de las dificultades, lograron empezar de nuevo. "Este creo que es mi propósito de vida".
En el equilibrio de sus múltiples roles —madre, esposa, influencer o Primera Dama— Valbonesi encuentra satisfacción en cada uno. "Creo que me identifico más con el hecho de ser mujer". Con lágrimas en los ojos, asegura que "los testimonios de vidas transformadas son su mayor motivación para seguir adelante", a pesar de las dificultades inherentes de la exposición pública, especialmente en tiempos de campaña.
Al reflexionar sobre su rol como madre y su conexión con las mujeres ecuatorianas, Valbonesi expresa que "quisiera que se sientan representadas por mí, que sepan que yo me siento representada por ellas y por eso es esta lucha que estoy llevando". Su juventud no la exime de enfrentar desafíos y cometer errores, pero los asume como parte del aprendizaje. "Está permitido equivocarse y yo recalco mucho que de los errores se aprende, hay que caerse para levantarse y lo he vivido en carne propia". (I)
Conoce más sobre su visión, su trabajo y sus experiencias en el siguiente podcast: