Menos es más: el poder de enfocarse
Estoy convencido de que los sistemas educativos deben replantear las competencias que priorizan en la formación de niños y jóvenes. Hoy en día, es más valioso desarrollar la lectura crítica que fomentar la memorización mecánica; aprender a gestionar la frustración en lugar de perseguir obsesivamente una perfección inalcanzable.

Uno de los logros de la era digital es el crecimiento exponencial de datos e información disponibles para la toma de decisiones. Según el World Economic ForumStatista, en 2025 se espera que la cantidad de datos creados, capturados, copiados y consumidos en el mundo alcance los 181 zettabytes. Para ponerlo en perspectiva, un solo zettabyte equivale a almacenar aproximadamente 12.288 millones de videos en calidad 4K.

Frente a esta cifra casi inimaginable, es natural que sintamos ansiedad sobre por dónde empezar o qué información priorizar. Mientras intentamos procesarlo, la vida sigue su curso. Este fenómeno es una de las justificaciones de la existencia de herramientas de inteligencia artificial diseñadas para gestionar información y permitir que los seres humanos se concentren en lo verdaderamente esencial: amar, disfrutar, ser. Sin embargo, para aprovechar estos avances, es fundamental desarrollar una capacidad crítica y reflexiva frente a la información que consumimos.

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A propósito de la importancia del enfoque, se cuenta que el inversionista Warren Buffett le dio un consejo a su piloto, Mike Flint, sobre cómo concentrarse en lo realmente trascendental. Le pidió que escribiera una lista con sus 25 metas principales y luego seleccionara solo las cinco más importantes. Después, le advirtió que debía evitar completamente las otras veinte, pues eran distracciones disfrazadas de prioridades. Su mensaje era claro: el verdadero éxito no solo radica en elegir bien, sino también en aprender a descartar lo accesorio.

En mi experiencia, este principio lo he visto aplicable al trabajo de guía de carrera profesional que efectúo con jóvenes, el cual me hace tener claro sobre la necesidad de revisar el discurso del "somos buenos para todo", una idea poco realista que puede generar frustración y dispersión. En lugar de ello, sería más efectivo promover el desarrollo de fortalezas específicas que permitan a cada persona diferenciarse y generar ventajas competitivas tanto a nivel personal como profesional.

Una de las herramientas que utilizo en este proceso es el modelo RIASEC de John Holland, empleado por el Departamento de Empleo Juvenil de Estados Unidos para diseñar estrategias de orientación profesional. Mediante este enfoque metodológico, he comprobado los beneficios de ayudar a los estudiantes a identificar sus "puntos ganadores" y transformarlos en propósitos concretos de estudio y, potencialmente, de vida.

A partir de estas evidencias científicas, estoy convencido de que los sistemas educativos deben replantear las competencias que priorizan en la formación de niños y jóvenes. Hoy en día, es más valioso desarrollar la lectura crítica que fomentar la memorización mecánica; aprender a gestionar la frustración en lugar de perseguir obsesivamente una perfección inalcanzable; y cultivar la capacidad de concentración y presencia en un mundo hiperconectado que nos ha hecho olvidar la importancia de mirar a los ojos al hablar.

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Mientras escribo este artículo, reflexiono sobre la necesidad de reenfocar también nuestros esfuerzos como padres, profesionales y agentes de cambio en las comunidades en las que interactuamos. Mejorar nuestra calidad de vida implica aprender a identificar y eliminar los distractores que consumen nuestra energía y emociones esenciales.

Les comparto que en el silencio y el frío de estos últimos días, y como un ejercicio personal, he aprovechado un momento especial para reevaluar mis prioridades. En ese proceso, he dado un lugar primordial al amor y al perdón en todas sus formas. Para mí, esa es la prioridad hoy.

Les invito, queridos lectores, a apropiarse de los poderosos beneficios del enfoque. En medio de tanto ruido distractor y de forma consciente, encontremos momentos y espacios que nos permitan volver la mirada hacia lo importante y no solo hacia lo urgente, para mirar a los ojos a quienes amamos. (O)