Las Cruzadas (II)
Es relevante mencionar que los moros no fueron los únicos contra quienes lucharon los cruzados. De hecho, enfrentaron también a cristianos bizantinos y a judíos. Asimismo, en la propia Europa, arremetieron contra los albigenses en el sur de Francia; en el Báltico, desafiaron a pueblos considerados paganos.

El poder de los musulmanes en el Oriente Medio venía consolidándose. Representaba una seria afrenta política y religiosa para Occidente, que demandaba de reacciones. El clímax llegó con la derrota de los bizantinos, en la batalla de Manzikert (1071), a manos de los selyúcidas. El emperador Romano IV Diógenes (1030-1072) fue tomado prisionero. Para lograr su libertad -que de poco le sirvió al fallecer meses después- entregó a los vencedores las ciudades de Edesa, Hierápolis y Antioquia.

En 1078 se crea el Sultanato de Rum, con su capital en Nicea. Es antecedente de la caída de Jerusalén en 1087. El emperador bizantino Alejo I (1048-1118), ante el riesgo de perder el imperio, pide al papa Urbano II su colaboración para el rescate de Tierra Santa. La obtiene en 1095, año que marca el inicio de las Cruzadas... guerras de religión que nunca respetaron al ser humano de credo distinto, en violación de principios y enunciados cristianos. El momento era propicio, pues la Iglesia católica también observaba un deterioro moral de su imagen en Europa, junto con aquella de los reinos de la época.

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El oportunismo del papa era evidente, pretendía fusionar artificiosos argumentos contemplativos con intereses económicos de la Iglesia y de los señores feudales que sumían a la población en miseria. La circunstancia fue ideal también para ir tras la reunificación de las iglesias de occidente y de oriente; propósito que Roma jamás lo logró. A título anecdótico, el cisma se produjo en julio de 1054 con ocasión del ingreso de un delegado del papa León IX a la catedral de Santa Sofía. En el altar mayor entregó un pergamino contentivo de la orden de excomunión del patriarca de Constantinopla. En realidad, la separación fraguó a lo largo de siglos y eventos. Estos últimos de fondo ante posturas radicales y autoritarias de la Iglesia occidental, que al margen de consideraciones teológicas buscaba beneficios políticos no compartidos por la ortodoxa oriental. Era el caso, por ejemplo, de la figura del papa como titular de poder supremo.

En el plano religioso, en alguna medida la proclamación del Credo de Nicea (Concilio I de Nicea, celebrado entre mayo y junio de 355) fue germen del distanciamiento de las dos iglesias. Nos referimos a la referencia a Jesucristo (Hijo único de Dios) como "Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado no creado" (Folioque). Declaración complementada por el Concilio I de Constantinopla (381), al definir la divinidad del Espíritu Santo (Teología Trinitaria).

La intransigencia de Roma ha sido su constante, la cual siglos después originó la Reforma protestante. Ya en nuestra época, genera resistencias que colocan al Vaticano en franca decadencia. En la actualidad, la absurda perspectiva de Roma ante derechos del ser humano -como el divorcio, el aborto y la eutanasia, por mencionar algunos- deja a la Iglesia católica al margen del necesario progreso. Ello en materias sobre las que puede opinar, pero no cuestionando enfoques distintos igual de válidos que los estrictamente místicos; menos cuando muchos de esos cuestionamientos provienen de católicos sin suficiente solvencia intelectual.

Retomemos a las Cruzadas. El "riesgo" del control musulmán sobre el mundo de entonces era latente. Buena parte de la península ibérica estaba en poder "de los orientales". Era imprescindible hacer algo. El papa Urbano II asumió el reto.

En 1099 llega a su fin la Primera Cruzada. Fue un completo éxito, a diferencia de las siguientes. Los dirigentes cruzados más representativos fueron Bohemundo de Tarento y Godofredo de Bouillón. Lograron conquistar Antioquia y Jerusalén. Representó el origen del establecimiento en Siria y Palestina de los Estados Cruzados, designados como Estados Latinos de Oriente. Hacemos referencia al Condado de Edesa, al Principado de Antioquia, al Condado de Trípoli y al Reino de Jerusalén. En cuanto a este último, Godofredo -sucedido por su hermano Balduino- ejerció el reinado con el sugestivo epíteto de "Protector del Santo Sepulcro". Ello otorgaba una distinción superior a cualquier título nobiliario, siendo que lo convertía en guardián de la fe... al margen de que no está comprobada la veracidad del sitio como tumba de Cristo; igual que con la mayoría de las reliquias. Uno de los ejemplos más macabros de reliquias es la "lengua" de san Antonio, expuesta en la Basílica de Padua para deleite de quienes gustan de objetos desagradables.

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La duración de los Estados fue efímera en términos históricos. Para finales del siglo XIII los condados, el principado y el reino habían desaparecido. Es relevante mencionar que los moros no fueron los únicos contra quienes lucharon los cruzados. De hecho, enfrentaron también a cristianos bizantinos y a judíos. Asimismo, en la propia Europa, arremetieron contra los albigenses en el sur de Francia; en el Báltico, desafiaron a pueblos considerados paganos. (O)