Existen dos tendencias irreversibles
La primera tiene que ver con la eficiencia con la que los seres humanos extraemos riqueza de nuestro entorno. El producir más y mejor tiene como efecto que nuestra vida sea más abundante en prácticamente todos los aspectos.
La segunda es el regreso del ser humano a su esencia comunitaria. Se ha dado cuenta que pese a toda la abundancia material en la que vive sigue siendo miserable. Los que detectan la paradoja y exploran sus causas descubren que la razón tiene que ver con una desconexión entre lo que hace y su naturaleza. El intentar ocultar su origen le produce una serie de calamidades, como depresión, ansiedad o excesivo estrés. En un mundo donde la inteligencia artificial modificará casi todo, hay algo que no cambiará: nuestra necesidad de ser humanos. Y a los seres humanos nos gusta pertenecer, ser parte de una comunidad que nos valore por quienes somos y a la que valoremos por compartir nuestros mismos valores.
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Estas dos tendencias se juntan y promueven que un espécimen en particular prospere: el hombre que ha comprado tiempo gracias a la abundancia en la que vive y que ha utilizado ese tiempo para reflexionar acerca de que es lo que más le importa, concluyendo en su reflexión más profunda que la libertad es su único deseo.
Existe un gran problema.
Se trata de un organismo que denominamos burocracia y que suele encontrarse con más frecuencia bajo las etiquetas "estado" o "corporación", pero que puede puede existir en la forma de start up o inclusive de un solo individuo.
Quiero ocuparme de la corporación, no del estado ni las formas de burocracia que llegan a ser tan pequeñas como una sola persona, por ser la forma en la que podemos influir los emprendedores, que fuimos el origen de las mismas en su momento.
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La corporación es un ente que atiende a la masa, y la masa está compuesta de varios participantes: productores justos, productores injustos, parásitos, viciosos de todo tipo, e indiferentes que piensan que negando la realidad ésta deja de existir.
Si la corporación se configura para los buenos, los productores justos, que son minoría y que no demandarán más de lo que les corresponde, creará incentivos de abuso para los malos, que son mayoría y que buscarán extraer más valor del que entregan. Si no decide bien, en el mediano plazo las finanzas de la corporación se verán afectadas, los accionistas se enfadarán, despedirán al idealista e incompetente CEO, y contratarán a aquel que comprenda esto que estamos comenzando a comprender.
A la corporación no le queda más remedio que adecuarse a los tipos de clientes que pueden amenazar su existencia. Inclusive si los buenos deciden dejar de ser clientes, dado que son tan pocos, no afectarán en absoluto sus resultados financieros.
Es así como la corporación se ve obligada a implementar procesos que filtren los intentos de aprovechamiento de los malos, a establecer políticas que desalienten reclamar por cualquier cosa, y a poner en marcha mecanismos que les impidan a sus clientes anular la relación sin que antes brinden el mínimo de la rentabilidad deseada.
Como sucede con todo negocio que se diseña para un grupo de clientes en particular, y dado que finalmente la corporación debe tratar a todos sus clientes como parásitos para garantizar su existencia, inevitablemente termina convirtiéndose ella misma en parásita. En un organismo que saca provecho de su entorno y entrega poco o nada a cambio.
Existen dos grandes oportunidades.
La primera consiste en no convertir nuestras empresas en burocracias que busquen asegurar su existencia independientemente de si generan valor o no. Un ejemplo de corporación millón millonaria y emprendedora es Amazon.com. Un gran tamaño no es sinónimo ni garantía de burocracia.
La segunda se relaciona al creciente mercado de hombres que han tenido tiempo para reflexionar y en su reflexión más profunda se han dado cuenta que su único deseo es la libertad. Los emprendedores construirán empresas enfocadas en este nicho que tendrá condiciones muy diferentes de las que establece la corporación burócrata. Estarán basadas en comunidades donde las garantías no tendrán fecha de expiración y no existirán contratos que fuercen a que la relación se mantenga. La obligación provendrá de la apropiada construcción que cada individuo haya realizado de su carácter y el castigo será dejar de pertenecer a la comunidad para volver a ser atendido como un parásito por la corporación. (O)